domingo, 9 de setembro de 2012
sábado, 8 de setembro de 2012
O ensinamento político de São Pio X*
Jean Ortoli
INTRODUÇÃO
Creio que não é necessário apresentar São Pio X ao
leitor da revista Le Sel de la Terre, mas gostaria de chamar a
atenção para um aspecto importante da vida de José Melchior Sarto: seu nascimento,
em 2 de junho de 1835, em Riese, vilarejo de Veneza, numa modesta família de
agricultores. Filho da terra e marcado por ela, ele deve a suas origens
camponesas o excepcional senso de realidade e a tenacidade a toda a prova que
foram, ao longo de seu pontificado (1903-1914), o traço dominante de seu
ensinamento e de sua atividade política.
Voltaremos a isso numa breve conclusão.
Este artigo é parte de uma tese de doutorado feita em 1971 de História
do Direito e das Instituições, seção de nossas faculdades cujo programa
reserva um lugar para a Igreja Católica entre as instituições francesas desde a
Gália romana até os tempos modernos; lugar justificado pelos conselhos dados
pela Igreja, bem enraizados na sociedade civil desde suas origens, e pelos papéis
que ela desempenhou ao longo de sua história.
Sociedade de dimensões temporais, certamente, que ocupa um lugar
evidente no ranque das instituições na sociedade dos homens, a Igreja também é,
e acima de tudo, ao menos para seus fiéis, uma sociedade espiritual cuja
finalidade suprema – a salvação eterna – se impõe a todos, membros da
hierarquia e simples fiéis, mesmo que contrarie ou desafie os objetivos e
interesses temporais: o pontificado de Pio X, rico de acontecimentos às vezes
dolorosos, especialmente na França e Portugal, é uma perfeita ilustração disso.
Levando em conta essa dupla “dimensão” da Igreja, o objetivo de nossa
tese consistia em fazer aparecer, através das atividades do pontificado de Pio
X, os laços fortes e constantes que uniram as duas ordens, espiritual e
temporal, ficando a segunda, em todos os casos, submissa à primeira. Creio que
o leitor desta revista já está convencido disto, mas restava demonstrá-lo,
apoiado em citações e exemplos, a um júri da Faculdade pública. Em outras palavras:
como a Igreja absolutamente não é uma sociedade como as outras, era preciso pôr
em evidência a “lógica eclesiástica” em que se enquadra a política do
pontificado de Pio X. Por exemplo, como e por que consideráveis interesses
materiais – os bens da Igreja na França – foram sacrificados no altar da
República para salvaguardar o essencial: a liberdade da Igreja da França,
necessária ao exercício de sua missão divina.
As pesquisas sobre o pontificado de Pio X conduziram o autor a analisar
o conjunto dos atos oficiais da época (1903-1914) de maneira sistemática.[1] Tratando-se da
sociedade civil, é importante distinguir os dois campos de atividade pontifical
que aparecem de antemão:
– o governo propriamente dito: a política interna própria da Igreja (na
França, o caso do Sillon, por exemplo); a política externa, sobretudo em
relação aos Estados (o caso da separação, por exemplo);
– o ensinamento, de importância capital, pois é a doutrina da Igreja,
recordada de maneira precisa pelos sucessivos Papas que a têm por guia em suas
atividades internas e externas e que a explicitam segundo as necessidades do
momento.
Neste ensinamento, a filosofia política desempenha um papel essencial.
Louis Jugnet nos lembra que “toda doutrina política, tenha-se consciência disso
ou não, supõe uma filosofia […]. Só se analisa verdadeiramente bem uma doutrina
política quando se conhecem suas raízes filosóficas, explícitas ou não”.[2]
Ora, o estudo dos textos oficiais de Pio X revela um verdadeiro corpus
de doutrina e de filosofia política, um conjunto de dimensão insuspeitada –
pelo menos para o autor dessa tese... – e de rigor impressionante. Propomos
aqui resgatar seus traços essenciais, divididos em duas partes:
1 – os fundamentos e as características gerais do ensinamento político
de Pio X;
2 – a doutrina política decorrente.
quinta-feira, 6 de setembro de 2012
terça-feira, 4 de setembro de 2012
quinta-feira, 16 de agosto de 2012
El neo-nestorianismo actual
A propósito de la
película
“La última
tentación de Cristo”
R. P. Álvaro Calderón
[Artículo originalmente
publicado en el
Suplemento Doctrinal de la
Revista Iesus Christus N° 48]
¡Tan desfigurado estaba su
aspecto! Isaías 52, 14
Tan débil parece hoy nuestra
Iglesia, que del mundo ya casi sólo esperábamos indiferencia. Pero preciso es
confesar que no es así. Apenas se logra enredar algo católico en un escándalo,
son toneladas de basura lo que los “medios de comunicación” descargan sobre los
cerebros de la gente. O ante el más leve movimiento vital del catolicismo no
deja de sorprendernos la gritería que se arma. Esto no nace sólo del desprecio,
es señal de interés en muchos, y en otros, parece... de miedo. Después de dos
mil años de historia, han aprendido a desconfiar de la Iglesia, aunque la vean
muriendo.
No está aquí lo más grave.
Estos son enemigos declarados, enemigos “tradicionales”, que recibimos por
herencia junto con la fe. Lo verdaderamente grave es el cáncer que carcome hoy
al catolicismo desde dentro. Hasta los principales órganos están infectados con
los principios del enemigo y, como pasa con el cáncer, mientras más se quiere
vivir más pronto se muere, porque las mismas funciones vitales de la víctima sirven
para agravar el mal. Al enterarnos que el Arzobispado había pedido que se
suspenda la emisión del blasfemo film de Scorsese, “La última tentación de
Cristo”, dijimos: al menos algo hicieron. Poco después hubo que cambiar el
juicio: más vale no se hubieran movido. ¿Por qué?
Por lo dicho. El pedido se
hace en nombre de la libertad de ver televisión: “La proyección del film
lesionaría la libertad, no sólo de los cristianos, sino de todos los
conciudadanos a los que no nos basta no ver algo porque nos parece que está
mal, resignándonos y apagando el televisor; queremos ver buena TV y, además,
que no nos ofenda.”[1] Pues bien, en nombre de esa misma libertad caerá sobre
la jerarquía eclesiástica una verdadera lluvia de piedras, y más de una parece
haber dado en el blanco: “Hay millones de católicos que deberían reclamarle a
su Iglesia el derecho a ser adultos... Quarracino no puede, ni por un momento,
contener al gigante fascista que lo habita. Ese es el problema real.”[2]
Arrepentido, unos días después el Arzobispado se excusa de autoritarismo por
medio de la Agencia Informativa Católica Argentina (AICA), haciendo sólo
algunas breves advertencias “de manera tal que, sabiendo qué es lo que van a
ver, los fieles puedan elegir libremente el querer o no afrontar su
sensibilidad religiosa con la problemática presentada por el autor”[3]. Lo
mismo hará el Padre Balsa, firmante del pedido de suspensión, en un debate por
televisión, donde “cuestionó a quienes lo acusaron de querer el levantamiento
de un film sin haberlo visto: «Para saber que el dulce de leche es dulce de
leche o que el veneno es veneno no tengo necesidad de probarlo. Pero hay que
bendecir sobre todo la libertad»”[4] ¿Qué se había logrado? Dar mayor
publicidad a la película y más vergüenza a la Iglesia. Será el obispo de San
Isidro quien de todo esto saque una sabia conclusión: “Casaretto admitió que la
Iglesia todavía no encontró la forma de armonizar el respeto a toda
manifestación creativa del hombre y «el cuidado de la fe de nuestro
pueblo».”[5] ¡Ciertamente, para tan ímproba tarea no alcanzan ni dos mil años!
Pero, ¿se trata solamente de un indebido respeto al error que impide defender
eficazmente la doctrina católica? Por desgracia, en esta escaramuza, se
manifiestan enfermedades aún más graves y profundas. En el comunicado de AICA
se expone el argumento del film: “Con las copias [de la película] se
consultaron a distintas personas para que dieran a conocer su opinión. Los
resultados, casi unánimes, fueron los siguientes... Scorsese presenta un Cristo
en el cual se juega la lucha entre el espíritu y la carne. La lucha es
instrumento para que el carpintero colaboracionista del poder romano, llegue a
la conciencia mesiánica y de un Mesías que ha de sufrir. El espíritu va
triunfando y es probado en el desierto. Este es un punto clave, la tentación es
la de ser Mesías sin pasar por la cruz, quedando solamente el poder como
salida.” Ante un Cristo en el que lucha el espíritu contra la carne y que llega
por esa lucha a la conciencia mesiánica, ¿qué opinan las personas consultadas?
Llegan a las siguientes conclusiones: “La problemática esencial de esta
narración es la de la conciencia de Jesús, asunto que han tratado de dilucidar
teólogos de todos los tiempos. Se trata de un aspecto teológicamente difícil. Romano
Guardini ya señalaba la profundidad de este Misterio. En la fe debemos
contemplar ambas realidades, la gradualidad de la conciencia humana y el caso
único de Jesús, teniendo en cuenta que la Encarnación del Verbo, lo lleva a
dejar de lado la condición divina para asumir verdaderamente la condición
humana, lo cual, esencialmente, nos lleva a reconocer la lucha propia en el
Dios hecho hombre. Sería importante advertir de manera tal que, sabiendo qué es
lo que van a ver, los fieles puedan elegir libremente el querer o no afrontar
su sensibilidad religiosa con la problemática presentada por el autor. Estas
opiniones son las que se transmiten a las empresas con las que primeramente se
estableció contacto.” Parece no haber un problema doctrinal, sino sólo de
sensibilidad religiosa ante temas difíciles (nada dicen allí de las odiosas
escenas blasfemas del film, quizás lo den por supuesto).
La misma impresión dejan las
noticias publicadas. En el debate antes mencionado, según el diario, el P.
Balsa “admitió que el film puede llegar a herir la sensibilidad de un creyente
medio. «El impacto de algunas imágenes pueden hacer efecto en los adolescentes
o en personas de fe sencilla, que no son ignorantes y a lo mejor buscan un
Cristo tipo Hollywood, imagen que tampoco me gusta».” Para el P. Graham,
profesor de teología, “la inquietud de Scorsese es apasionante y necesaria,
pero el planteo que refleja la película no fue el camino buscado por Jesús...”
Mons. Casaretto “afirma que «difícilmente se haya encarado con tanta hondura
desde el punto de vista cinematográfico el dinamismo de la tentación» como en
la película de Scorsese, pero aclara que, para abordar la cuestión, el
realizador «camina en los límites». Según el obispo de San Isidro, a la luz de
la fe en Jesucristo, por la que se reconoce a éste como un Dios vivo y presente
en la historia, algunas escenas del film «son realmente molestas, y ver al
Dios-Hombre en una relación sexual hiere profundamente la sensibilidad de los
que creemos en El».”[6] Curioso, los únicos en ver también un problema
doctrinal y esgrimir argumentos teológicos son tres estudiantes de derecho,
legos en tal matéria[7]. ¿Qué es lo que ocurre? Parece haber demasiada
distancia entre las “personas de fe sencilla” y estos teólogos de fe complicada.
¿En quién debemos creer, en el Cristo tipo Hollywood de aquellos o en el Cristo
tipo Scorsese de éstos? Lo que ocurre es muy grave. Planteemos bien el problema
y hagamos un poco de historia.
Lo que había en el alma de
Nuestro Señor
Le Saint-Esprit dans la Vie Chrétienne
par le Père A. GARDEIL, O.P.
Chapitres
Préface
Les études que nous publions ont servi de thème à
une retraite prêchée en 1923 aux Petites Sœurs dominicaines gardes-malades des
pauvres de la maison de Beaune.
Ce n'était pas la première fois que le P. Gardeil
entreprenait ainsi, dans le cadre d'exercices spirituels réguliers, l'exposé
d'ensemble de la doctrine des Dons et des Fruits du Saint-Esprit. Déjà, pour ne
parler Que de son ministère dans cette congrégation, en 1917 à Orléans et en
1923 à Verviers, il avait prêché en des circonstances analogues sur ce sujet,
et il y a tout lieu de croire Qu'il fit bénéficier d'autres communautés d'une
doctrine spirituelle dont il avait de longue date acquis la maîtrise.
Cet enseignement convient tout d'abord aux âmes
consacrées à Dieu, dans l'état religieux; il n'en sera pas moins profitable à
tous ceux, prêtres et mêmes laïcs, Qui aspirent à une vie spirituelle élevée. « L'esprit souffle où il veut. » La
rosée bienfaisante de ses dons et de ses fruits n'est le privilège, d'aucun
genre de vie : elle peut descendre en toute âme sanctifiée par la grâce. C'est donc au sens le plus vrai du mot une retraite sur la vie
chrétienne que l'on trouvera dans ces pages.
Nous croyons utile ici d'attirer l'attention sur un
point: nous n'avons pas là une retraite fondamentale ou plus exactement la
retraite fondamentale sur la Vie chrétienne. L'activité propre aux dons ne se
déploie, du moins selon la nature des choses, que sur la base des vertus
théologales, par où l'âme prend contact avec le divin, et sur le fondement des
vertus morales, par quoi notre vie est rectifiée à l'endroit de Dieu. A ces
bases de la vie chrétienne le P. Gardeil consacrait une autre série de
conférences dont ici il présuppose les résultats acquis.
L'on en trouvera toutefois dans cette série
d'études, particulièrement dans la première, un rappel suffisant pour qu'on
puisse, sans autres explications et sans crainte de s'égarer, se situer au
point de vue propre de ces réflexions.
Le texte de cette retraite n'est pas de la main du
P. Gardeil, qui, selon sa manière habituelle, avait parlé ex abundantia
cordis ; il a été recueilli par une de ses auditrices, mais lui-même en
avait soigneusement revu la reportation qu'il avait adoptée pour son utilité
personnelle: c'est donc une œuvre authentiquée par son maître, dont elle porté
d'ailleurs, de manière indéniable, l'empreinte originale. Avec la rigueur
théologique de l'exposé, la religieuse qui a pieusement transcrit ces
instructions a eu le bonheur de garder quelque chose de cette flamme
intérieure, contenue, mais si ardente, qui faisait de la parole du P. Gardeil,
en même temps qu'une œuvre de vérité, l'œuvre d'un cœur d'apôtre. Puissent donc
ces pages prolonger et étendre, si Dieu le veut, l'action surnaturelle de celui
qui certes fut et demeura toujours un théologien, c'est-à-dire l'homme de, la
science divine, mais qui avait compris et senti que cette science est en même
temps sagesse, science savoureuse, sapida scientia !
Le Saulchoir. Fr. H.-D.
Gardeil o.p.
Le Saint-Esprit dans la Vie Chrétienne
Avant-propos
Il nous faut d'abord
préciser la place qu'occupe le Saint-Esprit, et particulièrement les
inspirations du Saint-Esprit, dans notre vie chrétienne, et pour cela nous
faire un tableau d'ensemble des merveilles de cette vie chrétienne que nous
sommes destinés à vivre dans sa perfection, car la vie religieuse est la
perfection de la vie chrétienne : ce n'est pas une vie à part, elle plonge
ses racines dans la vie chrétienne. Elle est plus parfaite par un plus grand
amour, plus grand en ce que, non seulement il retranche ce qui est défendu,
mais immole ce qui est permis: c'est la différence entre la vie chrétienne et
la vie religieuse. Pour l'une et l'autre le commandement est le même :
« Tu aimeras Dieu de tout ton cœur, de tout ton esprit, de toutes tes
forces » Il y a des âmes chrétiennes qui sont plus saintes que les nôtres,
parce qu'elles mènent une vie plus profonde, plus sacrifiées, plus héroïque.
Elles ne sont pas pour autant dans l'état de perfection, parce qu'elles ne font
pas officiellement profession de tendre à la perfection par le retranchement du
permis; elles font bien le retranchement, mais là n'est pas leur soin
principal.
I. – La vie chrétienne
quarta-feira, 15 de agosto de 2012
La Physique de Aristote
LA PHYSIQUE
ARISTOTE
Traduction Henri CARTERON, Les Belles lettres,
Paris, 1966
Les œuvres complètes de saint Thomas d'Aquin
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